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De lo que platicaron Don Quijote y Sancho |
Juan Zamora |
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S.: (Sonriente) Paréceme mi amo –que aún lo es- que para eso de pañer enstrumentos yo no sirvo si no es para machacar el arte musical y que sería más de provecho inventando algún chascarrillo.
D.Q.: No te preocupes, querido Sancho, que conozco bien el ritmo de tus ronquidos y el son ruidoso cuando degustas de la bota de vino.
S.: En pensándolo bien, mi señor, poca alegría le hará a mi Teresa Panza que rezongue con mozas montaraces, que en seguida huele a cabra joven entre ovejas del rebaño y vuesa merced ha de recordar la fidelidad que le debe a la señora de sus sueños…
D.Q.: ¡Qué nobleza de espíritu el tuyo!. Haces bien en recordarme lo que mi mente en ocasiones enturbia y confunde. Aquí me das gran lección, Sancho amigo.
(Vuelve a sonar persistente el vuelo del tábano, que va y viene)
S.: Es pues que el oficio que nos proponemos puede ser aburrido y monótono, ¡como esta moscarda que nos acosa, pardiez! (Da manotazos al aire)
(Se aleja el vuelo del moscardón hasta desaparecer)
(Las dos cabalgaduras se detienen una junto a la otra; silencio total)
D.Q.: (Contrariado) Tal vez incluso sea peligroso volver a nuestra aldea, quizá la Santa Hermandad busque cuentas conmigo por liberar a los desgraciados galeotes…
S.: Y que nos muelan a palos, muy a su sabor.
D.Q.: A mi parecer, mi buen Sancho, estos señores de la Santa Hermandad también son de noble oficio, pues aplican la justicia, desfacen tuertos y socorren a los menesterosos, tan en medida como caballero andante que he sido o como gobernador de la ínsula Barataria que tú fuiste, Sancho.
S.: ¡Buen oficio, pues!
D.Q.: Acabáseme de ocurrir que si la justicia de esta civil guardia así nos lo consiente, pudiéramos tú y yo adherirnos a dicha hermandad. De tal guisa cumpliría en parte con mi promesa, sin dejar de proteger al afligido y castigar el delito.
S.: (Enérgico) Pues media vuelta. ¡Ea, ea, al trote querido rucio, seamos de esa Guardia Civil!
(Se oye el trotar del borriquillo)
(Se vuelve a oír la música)
D.Q.: (Espolea su caballo y gira) ¡Sea! (Alzando la voz) ¡Al galope, Rocinante!
(El trotar de las cabalgaduras, la música y la luz desparecen poco a poco, como los protagonistas hasta el silencio y la oscuridad total)
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| Enviado por Juan_Medit01. (08/02/2008) |
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08/02/2008 |
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| CITA |
Una de las ventajas de no ser feliz es que se puede desear la felicidad. (Miguel De Unamuno) (Citas)
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