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Alma de vampiro |
Yorun |
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¿Podía ese "hombre" conocer mis pensamientos?, qué era lo que pretendía que viera, por qué y dónde me llevaba... tantas preguntas sin respuestas... "quizás si que debiera esperar, puede que encuentre las respuestas que busco". El sol ya se había puesto pero no parecía haber cambiado nada hasta que vi como todos los que vivían en el poblado comenzaban a caer desmayados y una extraña neblina lo cubría todo. Los árboles parecían temblar como en una ensoñación y una terrible oscuridad lo invadió todo.
No era la oscuridad de la noche, en esta me sentía bien segura, era un refugio... esta oscuridad era malvada, era la negrura de los corazones, de las criaturas del mal, de la muerte que no mataba... como estar en el mundo de... no tenía palabras para describirlo. Zornex sonreía ante mi incertidumbre, de pronto caí de rodillas al suelo y sentí como si algo circulada por mi sangre, como si hirviera mi cabeza, sentí un gran dolor. Zornex me cogió las manos alejándolas de mi cara, se arrodilló ante mí y mientras me secaba las lagrimas de dolor acariciaba mi rostro, entonces me besó, sentí sus labios sobre los míos, cálidos y reconfortantes era como una sonrisa que alegraba mi alma, y sentí circular por mis venas la pasión que él sentía hacía mí, pero también descubrí en aquel momento que le correspondía y que a su vez no podía confiar en él.
Tenía los ojos cerrados intentando sentir al máximo aquellas sensaciones que sus labios me proporcionaban, y fue cuando al fin desperté. Todos los recuerdos de la noche anterior afloraron de pronto, recordé como desorientada llegué al claro, como vi el milagro de la oscuridad, como Zornex me poseyó alimentándose de mi sangre buscando en mí a la reina que había esperado durante cientos de años, y como conociendo lo que les había hecho a aquella gente le había rechazado aun en contra de los dictámenes de mi corazón.
Me aparté de él con brusquedad, no quería seguir con su juego, él era egoísta había llegado a ese pueblo hacía más de 300 años, y se había alimentado de todos sus habitantes. Pero una maldición le prohibía salir del pueblo. Alguien había decidido que su maldad no podía quedar impune y se atrevió a juzgarle y condenarle, todos los de ese lugar vivían vidas de humanos normales durante el día y se convertían en monstruos al caer la noche, siendo esta su auténtica naturaleza ya que solo recordaban esa vida desgraciada y los remordimientos de las muertes que habían causado atormentaban las mentes de los discípulos del emperador de la oscuridad, condenado a ver continuamente la desesperación en la cara de los que le rodeaban. Deseaba tener una reina que le ayudara, que le calmara el dolor que sentía en su mente.
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| (23/11/2002) |
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| Fecha: |
23/11/2002 |
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29291 |
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7.4/10 |
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| CITA |
Para que nazcan virtudes es necesario sembrar recompensas. (Proverbio Oriental) (Citas)
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