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Recuerdos |
Harmonie Botella Chaves |
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Los Franceses creyeron que se recuperó por arte de magia. Como era un hombre culto, deportista, le encargaron varias tareas que le permitieron escapar de estos duros trabajos, de estos castigos corporales, de la humillación.
Por su don de palabra, su cultura, Manuel se ganó la confianza de la delegada de Pétain en los campos de trabajo. Le asignó varias tareas: una de ellas fue organizar una selección de fútbol española que ganó un partido contra Argelia.
Como Manuel se fue con lo puesto y poco a poco le invadieron los piojos, una mujer, Rosa Gardel le dio una chaqueta en la cual encontró, unas semanas después, una cajita, que contenía un sello de la Presidencia del Gobierno. La entregó a la C,N.T.
Algún tiempo después, el propietario de la chaqueta, un tal Paquito , le preguntó si no había encontrado algo en uno de los bolsillos. Manuel le contestó que no. Fue a partir de ese momento que entendió que el tal Paquito pasaba a los exilados de Oran a Marsella previo pago del papel y sello que les proporcionaba.
Benavente se incorporó en la segunda compañía de Colombéchar y trabajó en el hospital. Ahí, prometió a Vicente Manuel que compondría una obra para todos estos españoles que marcharon de España.
En mil novecientos cuarenta y uno, huyo con un compañero, Sala, y llegaron a Huerfa. Vestido como un árabe llegó a Ourda y contactó con el anarquista Sánchez. Durmieron en casa de una señora que se llamaba Brigida y entablaron relación con otro anarquista: Mera.
Como la historia da tantas vueltas me estoy preguntando si este Mera no podría ser el mismo que escondió mi abuelo paterno-Por fin, Manuel Benavente llegó también a Casablanca y se le pidió ayudar a los aliados y enemigos del fascismo ayudando a los heridos en el hospital. Cuando finalizó la segunda guerra mundial, Manuel Benavente dirigió el Comptoir Continental en Casablanca. Llegó la independencia y como muchos europeos se refugió en Francia.
De esta vida de miseria, de huida, de dolor, de recuerdos amargos dan constancia numerosos estudios y libros cuyos títulos he recopilado a lo largo de varios meses y conservo por si algún periodista o historiador desea transformar estos recuerdos en historia de la humanidad.
En uno de dichos estudios, en la revista Canelobre, del Instituto Gil-Albert de Alicante, he leído que después que el coronel Mera deje Argelia, desaparece su rastro, hasta que sea detenido en Casabalanca. Pues , señores historiadores, Mera, estaba escondido en Casablanca en casa de mis abuelos paternos.
Este hecho es también un recuerdo que al día de mañana se transformará en realidad.
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| (26/02/2003) |
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26/02/2003 |
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| CITA |
Que hablen mal de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen. (Oscar Wilde) (Citas)
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