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Recuerdos |
Harmonie Botella Chaves |
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Empezaron a ”vivir” en unas cuevas del barrio de San Gabriel hasta que pudiesen alojarse en una casita. En el setenta y seis o setenta y siete, dando una vuelta por el barrio de San Gabriel, mi madre nos comentó tener un recuerdo muy agudo de una bomba que estalló cerca de la casa donde se alojaban… Y unos segundos después llegamos hasta el hueco dejado en la tierra por el artefacto… cuarenta años más tarde. Al lado de la profunda huella dejada en la tierra se encontraba la casa donde habían vivido. Estaba intacta… pero también transformada en bar. Hablamos con la dueña del establecimiento y después de explicarle lo relatado anteriormente… sacó unos recibos de luz del año setenta y seis que se seguían pagando aún a nombre de mi abuelo.
Aunque parezca inverosímil la historia va dejando su huella y nos permite remontar hasta acontecimientos lejanos.
Gracias al empleo que consiguió mi abuelo, era conductor de ferrocarriles, pudieron empezar a comer de nuevo y llevar una vida normal, dentro de la anormalidad de la guerra. En el treinta y nueve mi madre tenía casi diez años y recuerda muy bien que dieron permiso el ventinueve de Marzo a los mujeres y a los niños para embarcar en el Africa –Trade. Separaron a las familias.
Mi madre siempre creyó que mi abuelo salió de Alicante a los quince días, pero rebuscando en los libros de la biblioteca Gabriel Miró, constaté que los franquistas tomaron el poder el 30 de marzo, fecha en que partió el último barco, el Stanbook, donde iba embarcado mi abuelo.
Las mujeres y los niños salieron hacía Argelia… y los hombres quedaron en el embarcadero.
Desembarcaron en Ténès ya que en Oran las autoridades no les dejaron bajar. Fueron primero encarcelados por los gendarmes como si fuesen criminales … Después de una revisión medica, donde se les desparasitó (para eliminar los piojos y otros animalitos de compañía semejantes) y se les mandó a los campos de refugiados.
En unos barracones vivían varias familias. Dormían sobre la paja…y estaban vigilados por unos senegaleses y sus pesados fusiles. De vez en cuando, sin ton ni son, daban una orden y los mandaban a otro campo de refugiados, a otro barracón.
!#PAGINA3#!Las mujeres no trabajaban pero tenían la obligación de tejer para los militares franceses que combatían contra los alemanes. Fue así como mi madre con diez años de edad aprendió a hacer punto… y a ganarse la vida. Por cada prenda, los franceses regalaban un ovillo de lana a las mujeres.
Por fin en mil novecientos cuarenta, los refugiados fueron liberados y mandados a familias francesas de acogimiento que intentaron ayudarles. La Cruz-Roja dio noticias de los familiares que el exilio separó y mi abuela se enteró que su esposo estaba internado en Colombéchar y empezaron a escribirse. Supo que los refugiados de este campo estaban utilizados como mano de obra para construir la línea de ferrocarril: Mediterranea- Niger. Mi abuelo, al ser el conductor del tren, fue entrevistado por una periodista francesa y salió su foto en un periódico francés, ¿ pero cual?. ¿ Se hablaría en este articulo de las humillaciones, del sufrimiento moral y síquico de los exilados?
En Diciembre del cuarenta y siete, mis abuelos se marcharon a Marruecos como otros numerosos exilados. Allí mi madre conoció a mi padre y otra parte de la historia de estos españoles acogidos por uno y rechazados por otros.
Aprendió, por ejemplo, que el enfermero-mayor, Milán, escondía en su casa a la familia Vivas que guardó los archivos de los Españoles en Marruecos antes de que se les ayudara a huir hacia Venezuela.
El teniente coronel Mera, que ganó la batalla de Teruel, comía en casa de mis abuelos paternos (J. y M. Botella) y durante el resto del día y las noches se escondía en la terraza para que nadie lo descubriese.
En mil novecientos cincuenta y seis, un poco antes de la independencia, la familia Chaves tuvo que huir una última vez hacia Francia donde empezó de cero una y otra vez.
Cuando relato la historia de mis abuelos, recuerdo muchas veces los textos de Borges. La historia es un circulo. Las vidas son un circulo. Nací en Marruecos, me eduqué en Toulouse y vivo en la provincia de Alicante donde mis abuelos se escondieron durante casi tres años. Mi hija mayor, nació en Francia, se educó en Alicante y vive actualmente en Toulouse. Espero que mi hija pequeña que vio el día en Alicante no le dé por irse a vivir a Marruecos o a Argelia. A lo mejor se marcha a Ronda a vivir en la calla La Bola…
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26/02/2003 |
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| CITA |
No hay color para el Luto (Ramoncin.) (Citas)
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