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... y murió de amor |
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| Una historia real |
Se llamaba Marcelo, desde pequeño se ganó el cariño, amistad y admiración de todos los que lo conocían. Era apuesto, atlético, ganador en todos los deportes que practicaba y tenia el don de caerle bien a todos. Las chicas se derretían cuando estaban con él, pero él parecía no notarlo. Es mas parecía que ninguna le interesaba demasiado para entablar una relación amorosa. No siguió estudiando, a pesar de su inteligencia, los libros parecían no ser para él. Trabajaba en la panadería de sus padres y vivía con ellos, a pesar de que su relación parecía no ser de las mejores.
Pero el amor también golpeó su puerta. A los veinte años se enamoró de una joven de una ciudad vecina. A partir de ese momento, al conocer el amor, vivió por y para ella. Iba a verla cada vez que podía, disfrutaba con ella cada momento que podía disponer. A partir de ese momento supo lo que era el latir de un corazón sediento de amor, conoció también las nuevas y placenteras sensaciones al entregarse en cuerpo y alma a un ser amado. De pronto, un día, la joven lo dejó, le dijo que había dejado de amarlo, que se había enamorado de otro, que quería vivir su vida al lado de otra persona, que ..... que ..... que ...... Cada motivo que ella le daba era una herida nueva en su corazón, heridas que no cicatrizarían.
Dejó el trabajo y la casa de sus padres. Consiguió un trabajo en un campo vecino, donde intento encontrar en la armonía de la naturaleza su propia armonía y la cura para sus heridas sangrantes. Se volvió taciturno y callado. Ya no frecuentaba tanto a sus amigos. Iba al pueblo por orden de su patrón a hacer compras en la camioneta del mismo. Con el tiempo dejó de usar esa camioneta y el trayecto lo hacia en bicicleta. Ya no vivía mas en la casa de sus patrones, lo hacia en una carpa que había instalado en la parte más solitaria del campo. Luego tampoco usaba su bicicleta, ni nada que no fuera natural. Su pelo y su barba crecieron en proporción a su aislamiento. Ya era una sombra de lo que había sido, una sombra, justo él! Que tanta luz irradiaba.
Entonces un día, decidió hacer un viaje, alejarse de su pasado, y comenzó a caminar. Y caminó y caminó. Sin prisa, porque no tenia apuro por llegar, pero sin pausas, porque su afán de olvidar era inquebrantable. Testigos posteriores contaron que lo vieron caminar con la mirada perdida en el horizonte y despojándose de la ropa al andar. No se supo mas de el. Se organizaron búsquedas, pero sin resultados positivos. Se emitieron volantes de pedidos de paradero y nada. Parecía que la naturaleza que lo había acompañada en los últimos tiempos lo hubiera absorbido.
Pasó el tiempo, y cuando el olvido parecía haber ganado su batalla; al destacamento policial llegó un radiograma con noticias de un posible hallazgo. Las características de la persona hallada coincidían con los pedidos de búsqueda. Los padres y una comisión policial fueron a buscarlo a ese lugar remoto y hasta ese entonces desconocido. Sin dudas era él. Habían encontrado al borde de una vía de ferrocarril su cuerpo..... sin vida.
¿Resultados de la autopsia? Muerte por inanición. Pero para los que conocíamos su historia no había necesidad de esperar el informe médico, nosotros sabíamos que había muerto ..... había muerto de amor.
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| Enviado por Javier Pereyra. (28/08/2001) |
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28/08/2001 |
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8.2/10 |
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| CITA |
La experiencia es algo maravilloso. Nos permite reconocer un error cada vez que lo volvemos a cometer. (Franklin P. Jones) (Citas)
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