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Internet: Del Tsunami económico a la revolución inteligente de la empresa. Un repaso al año 2002 |
Óscar Peña de San Antonio |
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No cabe duda de que los últimos años, los inmediatamente anteriores e inmediatamente posteriores al ocaso del siglo XX, han sido años volátiles y turbulentos para la historia económica. Como decía Wolfgang Grulke, fundador de FutureWorld, un hombre de negocios que ayudó a las empresas de capital riesgo a posicionarse en aquél viejo concepto de la nueva economía, “es como si nos hubiéramos visto batidos por olas de cambio cada vez mayores, más frecuentes y con más fuerza”. La sensación de todos quienes nos hemos visto envueltos en la revolución de la nueva economía, ha sido la de haber sido partícipes de un tsunami económico, una de esas olas gigantescas producidas por un maremoto, y en la que se pueden distinguir las tres fases más recientes del mercado de Internet: expansión, apogeo y desaceleración.
El año 2002 ha sido el año de la catarsis; una especie de purificación ritual resultado de los excesos cometidos en los meses cuyas portadas de diarios económicos no daban crédito a la incipiente “economía de Internet”, a la burbuja financiera y a la especulación bursátil.
El día 3 de enero de 2002, un informe de Netcraft advertía del increíble descenso en el número de dominios registrados o renovados a nivel internacional. La principal explicación consistía en la difícil situación financiera que, como consecuencia de la crisis del mercado publicitario, estaba azotando a las empresas de nueva creación. El mismo día, otro informe, esta vez de la empresa estadounidense Challenger, Gray & Christmas, aseguraba que el sector de las telecomunicaciones había perdido durante 2001 la cifra de 317.000 empleos, nueve veces más que en el año anterior y la cifra más alta desde 1993; un comienzo complejo que arrastraba interrogantes a cerca de los modelos de gestión corporativa, la obligación de reducir costes y una implacable necesidad de reenfocar las estrategias y los fundamentos de los modernísimos modelos de negocio. No todos fueron capaces, ni se encontraban en la privilegiada posición, de asumir las profundas transformaciones que han exigido –y aún exigen- esos tiempos de cambio en los que vivimos; desde los pequeños modelos de negocio unifamiliares a los recientes modelos de empresas pure player de Internet; desde las grandes corporaciones y multinacionales a las pequeñas y medianas empresas. Sólo Amazon, la referencia mundial para el comercio electrónico internacional, y los resultados positivos de comercio electrónico en España sobre las ventas navideñas, dieron un hálito de esperanza a la entrada de un año caracterizado por el desalentador escándalo del sector energético, la crisis de las telecomunicaciones y los carrier, y la pérdida de confianza en la recuperación económica motivada por los escándalos financieros internacionales. Amazon anunció el 22 de enero de 2002 que por primera vez en su historia había obtenido un beneficio neto de cinco millones de dólares; en Europa 33 millones de europeos hicieron sus compras a través de Internet.
Internet ha representado muchas cosas; ha sido sinónimo de innovación empresarial e innovación tecnológica, pero también ha sido sinónimo de ruptura de ideas y flexibilización de estructuras organizacionales. Internet ha sido un instrumento de cambio social, motor tecnológico y transformación empresarial, que aún se encuentra en una fase temprana de su desarrollo, a pesar, por supuesto, de esa negra esquirla que pesa sobre su nombre; nube gris sobre la que se recuerda una crisis que ha desplazado a numeroso capital intelectual, ha puesto fin a sueños sin cumplir de modelos de negocio a los que la inversión abandonó a mitad del camino, y de una especulación financiera y creatividad contables que serán recordadas en los anales de la historia económica.
La época de Internet, tal y como la conocimos hace tan solo tres años, fue una idea equivocada del reto tecnológico, humano y empresarial. Era la época en que se quisieron cambiar las cosas, y se creyó, sobre todo, que las nuevas reglas e iniciativas de las empresas recién creadas, debían ser diferentes; una época que tuvo el desenfreno de confundir al joven ideario de la red con el hombre de negocios, al oportunista descamisado y elocuente, con el inversor encorbatado y comedido. Todas aquellas empresas lanzadas al estrellato por los medios de comunicación en un reality show enfermizo, ya no existen entre nosotros; ni tampoco los medios que las impulsaron.
Pero, ¿qué motivo llevó a las empresas a pensar que sus reglas eran total y radicalmente diferentes? La interactividad. La capacidad de convertir un mercado de masas en un mercado de individuos, el enorme potencial como medio de comunicación, y la ausencia de reglas y de control. Por ese universo se creó una burbuja, una carrera por el control; desde las administraciones a las empresas.
Tres son los acontecimientos que vertebran al año 2002 y cuyos efectos producen importantes movimientos en el mercado de Internet:
1. La crisis del sector energético
En el mes de diciembre de 2001, Jeff Skilling, CEO de Enron, explicaba en una entrevista concedida a la prestigiosa revista Business 2.0, en medio de la tormenta, que el universo corporativo de los próximos años pasaría inevitablemente por la especialización, gracias a las nuevas tecnologías. Ése era el caso de Enron, un marketplace energético, que había sido el epicentro de los precios de la energía en todo el mundo.
Ninguna compañía eléctrica cerraba un acuerdo sin comprobar primero a qué precios se ofrecían la electricidad y el gas natural en Enrononline. El 60% de los ingresos de Enron procedían de su mercado electrónico. Hasta la crisis de Enron, la compañía era la séptima empresa más importante de los Estados Unidos, y el ejemplo más citado de la integración con éxito de Internet en el negocio de una industria tradicional. Sin embargo su deuda oculta, terminó por enterrar a la compañía. En los próximos años, el caso Enron será estudiado más por la rapidez y dimensiones de la crisis que provocó –que dejó perplejo al más perspicaz de los analistas-, que por la exitosa integración de las nuevas tecnologías dentro de la organización.
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26/06/2003 |
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Saber olvidar, es más dicha que arte. (Baltasar Gracián) (Citas)
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