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 El Rincón de los Poetas
Mi soledad.
Por Manuel Barranco Roda El aprendiz de poeta.

Mi soledad.
Estoy solo, sentando en la cama de mi habitación, sintiendo el silencio atronador. Sólo oigo las gotas de agua que colisionan contra el techo de chapa. La lluvia mi única compañía, por los cristales miro la tormenta y veo como el viento la corta, haciéndola cambiar de intensidad, de lloviznar pasa a diluviar. Miro el teléfono, ¿no suena?, Estoy solo. Me levanto y me voy a andar, la chispeante lluvia mi única compañía, aclara mi mente.
Me cruzo con rostros desconocidos. Mi mente los transforma en el rostro de la mujer que amo, intento hablar con esos rostros, que me apartan como si estuviese demente, lo que estoy, es solo. Deja de llover y sale la luna, me pongo a llorar desesperado como el lobo que llora a la luna, aullidos de soledad.
Mojado entro en un bar. Me vuelven a rodear los rostros desconocidos, que me hablan, yo no oigo, estoy dentro de mí con mis aullidos de soledad. Mi mente esta constantemente en guerra dudando entre elegir el mal o el bien, dudando en decir no o si; Estoy dudando en quedarme con mi tranquila soledad o en dejarlo todo para ir a buscar a la mujer que amo, para que la tormenta de odio ceda y convertir mis nubes grises en nubes de colores y transformar las gotas de hielo que enfrían mi cuerpo en gotas de terciopelo que calienten mi alma.
El alcohol cofunde mi mente, no sé si estoy feliz o triste, tengo la cabeza como saco de centellas. Se me escapa alguna sonrisa recordando mi pasado, cuando la suerte estaba de nuestro lado, cuando el sol nos iluminaba por las mañanas, cuando no nos importaba el destino que teníamos escrito en nuestras manos, cuando por primera vez te vi.
Siento nostalgia de tu mirada, de tu voz, de tus caricias, de tus besos. Mi mayor tesoro es un mechón de tu pelo que tengo guardado en mi cartera, tu pañuelo que todavía tiene tu esencia y esa fotografía que nos hicieron cuando nos besábamos mientras patinábamos en la pista de hielo. Me caía tantas veces que estaba empapado. En todas mis caídas estabas tú, que me acercabas tu mano para levantarme, con tus besos me dabas el equilibrio, con la suavidad de tu pelo acariciabas mi cara y con tu pañuelo me secabas el agua de mis ojos. Te me quedabas mirando, esperando que me volviera a caer para volverme a recoger. En un momento de lucidez me pregunte:
¿Qué había pasado con nuestras vidas?,¿Qué hacia solo en un bar bebiendo?.
Quince años atrás.
En la Gruta nos reuníamos toda mi pandilla de amigos, la Gruta era el punto de encuentro, era el bar donde la conocí, lo llevaba Don José, que fue mi profesor de ingles en el colegio, en la Gruta pasamos muchos momentos de felicidad los dos juntos. Escuchando música, a Varón Rojo, dónde bebíamos la leche de pantera que no la he vuelto aprobar en ningún sitio, nos divertíamos jugando al futbolín o al billar y sobre todo porque estábamos con nuestros amigos. La Gruta era un bar de moteros estaba dividida en dos plantas, en la de arriba estaba la barra y en la de abajo el billar y el futbolín. La planta de abajo parecía una cueva por eso Don José, llamo al bar la Gruta.
Mi pandilla de amigos, ya jubilada de los estudios, acudíamos a la Gruta a ver a Don José nuestro profesor de ingles que también era nuestro amigo.
Marta estaba en la Gruta acompañada por unas amigas. Estaban jugando al duro. Era ella la que se levantaba a la barra a por la bebida. Nos miraba y nos regalaba una tenue sonrisa. Marta era la hermana de mi amigo el pelirrojo. Pepe y yo éramos amigos desde niños acudíamos a la Gruta después de hacer deporte. La primera vez que la vi yo no sabia que eran hermanos. Yo, me quede mirándola de arriba abajo porque estaba preciosa y le dije a mi amigo:
¡Qué guapa es esta chica, Pepe!,
Pepe: ¡es mi hermana!,
Manolo: ¡qué callado te lo tenías!.
Estaba preciosa, su pelo negro y rizado cubría sus hombros esbeltos, sus ojos eran dos bosques de olivos verdes, su pequeña nariz perfilaba su cara de niña buena, su mirada de verde olivo era natural como su sonrisa blanca, su dentadura era perfecta excepto los dos colmillos inferiores que sobresalían más que sus dientes y haciendo que su sonrisa fuera espontánea, las ligeras curvas de su cuerpo deleitaban a mis ojos. No podía dejar de mirarla. Marta vestía muy normal con vaquero ajustado a su cuerpo, una blusa blanca y unas botas de piel. Marta es un año mayor que Pepe. Marta se acercó a saludar a su hermano:
¡Hola!, ¿Ya has salido de judo?,
Pepe: ¡Sí!, Estoy tomando unas cervezas con Manolo,
Marta: ¡Hola Manolo!,
Manolo: ¡Hola!.
Mi pandilla de amigos cuando no teníamos dinero, como casi siempre, nos íbamos a la plaza de toros. La plaza de toros queda al lado de la iglesia. Entre la iglesia y la plaza hay unas escaleras, para bajar a la plaza. Nos sentábamos en estas escaleras. Durante horas y horas hablando de nuestros sueños. En la pandilla éramos unos cuantos: Pepe, María de los Ángeles, Inmaculada, Juan Carlos, Fernando, Carmen, Santiago, Morales, Silvia, Pablo, Sonia, Valentín, María, Solís. Me acuerdo de todos mis amigos a muchos de ellos ya no les veo porque residen en otras ciudades, otros se han casado y han cumplido sus sueños. A los pocos que veo los saludo con mucho cariño y hablamos del pasado con nostalgia.
Un día cuando estábamos sentados en las escaleras reparé que salía Marta de la iglesia, se monto en una vespa vieja y se fue. Luego me entere que de la iglesia se fue a la Gruta a tomarse un refresco con sus amigas. Marta acudía todos los días a la misa de las siete, tenía que ser muy creyente. Yo durante un año intente coincidir con ella a la salida de la misa, simplemente para verla un instante o decirla un escueto ¡HOLA!. Un día me arme de valor y entre a la iglesia y me puse a su lado, ella se me quedo mirando sorprendida.
Yo la dije: ¡Hola! Marta,
Marta me pregunto: ¿Qué haces aquí Manolo?,
Manolo: ¡Nada!, He venido a misa.
En la misa estuve muy pendiente de lo que decía el sacerdote intentando no cometer ningún error, para que Marta no notara que yo no era creyente. Estaba muy nervioso por lo que iba a destiempo, cuando había que estar arrodillado me quedaba de pie y cuando había que estar de pie me ponía de rodillas. Yo estaba en misa para estar a su lado e intentar mantener una conversación con ella que me durase más de un minuto.
Al salir se la misa hablamos:
Marta: ¿Te ha gustado la misa?,
Manolo: ¡Si!, Claro ha estado bien,
Marta: ¿Y tú desde cuando vienes a misa?,
Manolo: Desde siempre, lo que pasa es que vengo por la mañana,
Marta: ¿Y por que has venido ahora?,
Manolo: Porque he empezado a trabajar y tengo que venir por la tarde,
Marta: ¿Si quieres nos ponemos juntos en la misa?,
Manolo: ¡Vale!, ¿Marta qué haces ahora?,
Marta: Voy a la Gruta,
Manolo: ¡Yo también!, he quedado con tu hermano,
Marta: ¿Te llevo?,
Manolo: ¡ Vale!, Pero te tengo que invitar a tomar algo.
Nos montamos en la vieja vespa era blanca y su carrocería tenía pintada una pradera de margaritas amarillas, el casco tenía dibujado tres margaritas. La vespa de las margaritas nos llevaba como podía despacio pero seguros. Marta conducía con delicadeza, yo por primera vez me agarré a ella y el nerviosismo se me pasó. Sus escasas carnes eran blanditas y su piel suave. Al llegar a la Gruta. Marta aparca la vieja margarita en medio de un jardín de motos. Las motos florecían del hormigón como los rosales de mi jardín firmes y desprendidos. La Gruta estaba con el aforo completo de moteros. Los moteros eran como una familia que se reunían para comer el día de año nuevo, parecía que estaban celebrando un cumpleaños. En la Gruta los minis de cerveza corrían de mano en mano como si quemaran. Don José tenía puesta la música que les gustaba, a Varón Rojo, en concretó la canción Hijos de Caín. Al entrar en la Gruta procurábamos abridnos paso con dificultad para llegar a la barra. Marta se quita el casco con su pelo me dio un latigazo de dulzura en mi cara. Fue su primera caricia, su pelo desprendía el aroma de una rosa recién cortada del rosal de mi corazón de frescura y libertad.
Marta me dijo: Perdona, ¿Qué quieres tomar?,
Manolo: Lo mismo que tú,
Marta: José, nos puedes poner un mini de leche de pantera,
Don José: Marchando,
Manolo: ¡Cuanta gente!,
Don José: Pertenecen a una hermandad de moteros,
Mañana se van a la Cruz Verde.
Mientras que esperábamos a su hermano nos bajamos a la planta de abajo a jugar al billar, Marta cogió el mini, yo la deje bajar primero, pagué el mini con billete de mil pesetas para tener cambio para el billar. Por suerte la planta de abajo estaba libre de moteros. Eche las monedas, Marta coloco las bolas con soltura parecía que sabia jugar. Yo dispare para romper, desplace todas las bolas metiendo una lisa, volví a tirar pero no metí ninguna. Marta tira con fuerza hacia una rayada y la coló en el agujero con precisión, para que seguir comentando, al final me gano. Tenía mucho desparpajo para este juego como para todo. Nos sentamos ha bebernos el mini. Era la primera vez que lo probaba sabía como a batido de fresa pero más dulce. Entonces llega Pepe, parece que venía cansado, bajó con una cerveza y unas patatas. Marta le cogió una patata y le dijo:
¡Hola hermanito!,
Pepe: ¡Hola!, ¿Qué hacéis aquí los dos?,
Marta: ¡Venimos de la misa!,
Pepe: ¿ Manolo, tú también has ido a misa?,
Manolo: ¡Claro!,
Pepe: ¡Que raro!,
Marta: Me ha acompañado a mí,
¿Mañana también vas a venir no, Manolo?,
Manolo: ¡Claro!,
Pepe: ¡Bueno!, A Marta tienes que ir ayudar a padre en el bar,
Marta: Vale, bueno chicos hasta mañana.
Marta primero dio un beso a su hermano y luego a mí, cogió otra patata y se la fue comiendo por el camino. Al masticar le se notaban dos hoyuelos muy graciosos en sus mejillas. Esperamos a que se fuese para hablar.
Manolo: Pepe, tu hermana me gusta mucho, ¿te importa?,
Pepe: ¡No!, me parece bien, pórtate bien con ella,
Manolo: Gracias, tranquilo la voy a tratar como a una reina.
Pepe: Te invito a unas cervezas Manolo.
Me tome unas cuantas cervezas más con mi amigo y luego me marche para casa.
Durante seis meses la estuve acompañado a misa. Ya éramos amigos pero yo necesitaba más. En las fiestas de mi pueblo. Un día a la misa de las siete no entre, la espere fuera con tres margaritas y al salir hable con ella.
Marta toma esta margarita porque te veo en mis sueños,
Yo te amo,
Para que deshojes ilusiones.
Marta toma esta margarita para que el presente sea nuestro,
Y amor siga brotando en nuestros corazones,
Para que cada pétalo sea un sueño.
Marta toma esta margarita para que en el futuro este contigo,
Y nuestras almas se fusionen,
Para que la ilusión de cada pétalo convierta el amor en un sueño infinito,
Para poder parar el tiempo,
Porque yo te amo.
Marta se queda sin palabras, la cogí de la mano. Los dos de la mano anduvimos sin dirección, nuestras almas nos llevaban al riachuelo, casi seco, en su orilla había una pequeña praderita nos dejamos caer al manto de verde hierba mirando al cielo, con los brazos en cruz y nuestras cabezas acariciándose de perfil. Nos quedamos sin palabras mirando al cielo, poco a poco iba oscureciendo, apareció la luna y la mirábamos como lobos con deseo. Los dos a la vez nos fuimos levantando, nos pusimos de rodillas y nos miramos a los ojos, nuestras narices tropiezan, orientamos nuestras cabezas y las caras se acercan, nos besamos, sus labios saben a caramelo. Ella se termina de levantar y luego me vuelve a besar. Sus besos son caramelo para mi boca. Era la primera vez que beso a la mujer que amo. Me puse de pie y nos fuimos al recinto ferial, nos montamos en la noria que nos daba vueltas y más vueltas, estábamos cogidos de la mano y en mi corazón tenía un hormigueo. Marta se tenía que ir ayudar a su padre en el bar, yo le pregunte:
¿Puedo ir con tigo?,
Marta: Si por favor, ¿Quieres que te presente a mi padre?,
Manolo: ¡Claro!.
Los dos de la mano anduvimos hacia el pueblo al bar de su padre, porque Marta dejó aparcada su vieja vespa al lado de la iglesia. En su mano derecha agarraba las tres margaritas que yo le había regalado y con la otra mi mano. Yo notaba las pulsaciones de su corazón, íbamos deprisa porque el padre de Marta estaba enfermo, no le quería preguntar a Marta que enfermedad tenía, debía de ser grave. Por eso iba Marta todos los días a la iglesia a rezar. Los dos llegamos al bar fatigados, Marta cogió un vaso grande lo lleno de agua, metió las margaritas y saludo a su padre.
¡Hola papá!, ¿Cómo estas?,
El padre: ¡Bien!, ¿Y vosotros?,
Marta: Cansados, ¿Conoces a Manolo?,
Manolo: ¡Hola!,
El padre: Si es el amigo de tu hermano,
Marta: Ya, pero lo que no sabes es que Manolo es mi novio,
¿Manolo quieres una cerveza?,
El padre: Algo sabia,
Tu hermano ya me había dicho,
Que podía haber alguna sorpresa,
Manolo: No quiero nada Marta,
El padre: Tranquilo chaval no me pareces malo para mi niña,
Manolo: Gracias.
Marta entra en la barra me puso una cerveza, para ella una naranja y se limpió el mostrador con una bayeta. Miró a su padre y le dijo:
Padre si quiere váyase a casa a descansar que ya cierro yo,
El padre: Gracias hija,
No te quedes hasta muy tarde,
Adiós Manolo,
Manolo: ¡Adiós!.
Era un bar pequeño pero estaba en el centro del pueblo por lo que abrían temprano para dar los desayunos. Marta atendió a los últimos clientes, mientras que limpió la cafetera y se llenó las cámaras de bebida, yo la ayudaba acercándole las cajas. Después barrió y fregó el suelo y echo el cierre. Como era fiesta nos fuimos a tomar unas cervezas a la Gruta primero fuimos a la iglesia a recoger la vespa. Marta antes de ponerse el casco me dio uno de esos besos de caramelo. En la gruta estaban todos nuestros amigos, al verme entrar con Marta alguno se sorprendido. Marta pidió para beber un mini de cerveza para los dos, bajamos a jugar un futbolín, con las caricias que nos dábamos pronto se dieron cuenta que entre nosotros había surgido el amor. Pepe fue el primero que se dio cuenta y nos dijo:
¿Qué, os habéis enrollado?.
A Marta se le escapa una dulce sonrisa, yo la cogí de la cintura y la di un beso, los dos a la vez le contestamos:
¡Si!, ¡Si!.
En la Gruta pasamos muchos momentos de felicidad los dos juntos. Estas fiestas de mi pueblo fueron las mejores de mi vida, nunca más fueron iguales. Marta y yo tuvimos varios años de felicidad. Yo ya sabia que la volvería a perder y volvería a sufrir. El teléfono suena era Pepe:
Manolo, ¡Mi padre a muerto!
Solté el teléfono y me fui corriendo al tanatorio para estar con Marta, para estar con mi amigo. Pepe estaba desolado y Marta estaba mirando al vació en un silencio absoluto tenía un sentimiento de soledad profundo. Yo me puse a su lado la abrace intentado darla el calor de mi corazón pero su alma estaba helada. A partir de este momento nada fue igual. Marta dejó de creer, Marta dejó de ir a la iglesia. El bar lo tuvieron que cerrar porque era de alquiler y ya no lo podían pagar. El casero les ponía un alquiler muy alto. A Marta se le quedo el pueblo pequeño decidió irse a Tenerife a trabajar.
Me prometió que vendría a verme, que me llamaría por teléfono. Al principio fueron muchas llamadas y cada seis meses venia a verme. Con el tiempo levantamos cortinas de humo y las llamadas ya no eran tantas y ella ya solo venia de vez en cuando. Con la distancia construimos muros de fuego, el teléfono ya no suena, nos separa un océano, que yo no fui capaz de cruzar.
El alcohol cofunde mi mente, no sé si estoy feliz o triste, tengo la cabeza como saco de centella. En un momento de lucidez me pregunte:
¿Qué hacia solo en un bar bebiendo?, ¡Qué había pasado con nuestras vidas!.
Porque no dejarlo todo para ir a buscar a la mujer que amo, para que la tormenta de odio ceda y convertir mis nubes grises en nubes de colores y transformar las gotas de hielo que enfrían mi cuerpo en gotas de terciopelo que calienten mi alma. Dejó la copa entera, a los rostros desconocidos los miraba a los ojos en sus ojos se reflejaba mi soledad, salí a la calle a enfrentarme a la tormenta. Decidido en llamar a Marta e ir a buscarla. En una cabina marco su numero en mi voz se notaba la secuela del alcohol:
Hola marta, ¿Cómo te va la vida?
Marta: ¡Hola Manolo!,
Bien me he casado y tengo dos niños,
¿Y a ti?.
Manolo: ¡Claro!,
Marta: El mayor se llama Manolo y el pequeño Pepe,
Manolo: Gracias.
De momento me tendré que quedar con mis aullidos soledad y con la compañía de la fría lluvia que aclara mi mente. Todas mis puertas me las voy a dejar abiertas para que el amor pueda entrar y no voy a dudar en romper muros a patadas para encontrar a mi alma gemela y probar sus labios de caramelo.

Mi soledad.

Mi alma en completa soledad de hielo,
En un silencio atronador,
Sólo roto por la chispeante lluvia,
Que forma charcos de miedo.

La soledad eclipsa mi mente,
Con la claridad de la luna
Veo tu rostro en todos los charcos,
Que forma la tormenta.

Un espejismo,
Los pasos de la gente, que no se detienen,
Fraccionan tu imagen en mil pedazos,
Lloro a la luna, aullidos de soledad.

Rodeado de rostros desconocidos que me miran,
En sus ojos se refleja mi soledad,
Evaden los charcos para no impregnarse de miedo.
Dejándome a solas con mi espejismo.



Sólo en mis sueños puedo tocar tu rostro,
Tu fragmentada imagen se convierte en carne
Y puedo volver a probar tus labios de caramelo.
Mi alma vuelve a sentir calor.

Al despertar vuelve el miedo helado,
Los aullidos de mi alma y los silencios,
Me quedo sin tus besos de caramelo,
La soledad de hielo impregna mi alma.

Por lo menos, al dormir, no estaré solo,
Podré compartir con mi espejismo mis sueños.
La soledad eclipsa mi mente,
Sueño despierto y vivo dormido.



Lolo Enviar mensaje al usuario 14/06/07
hola Manuel pasaba por aqui por casualidad y te encontre larga tu historia pero casi todos hemos encontrado la soledad cuando menos la queriamos de compañia queremos dejarla, caminamos, caminamos y seguimos caminando a ver donde la dejamos y nada hasta que se hace nuestra amiga y como a ti te hizo hasta crearle una poesia pronto te dejara no te preocupes....ella no es eterna al igual que la compañia tampoco todo esta de paso tenlo en cuenta hasta nosotros estamos de paso en pensamiento, en cuerpo....en ilusion.....cuidate....y no olvides sonreir aunque estes con la amiga soledad Caren Enviar mensaje al usuario 14/06/07
Manolo, cruza el océano de tu soledad, en la otra orilla hay alguien que te espera, y esta vez, seguro, no será una sirena. Ana María Enviar mensaje al usuario 14/06/07
Hola Lolo ...Como siempre muy lindo tu relato.
Sos muy detallista para contar tu vida en la época que conociste a Marta, pero veo que cuando ella decide irse, no hacés nada para impedirlo, la dejaste ir....Por qué?...
Si era tu Alma Gemela, deberías de haberla seguido o convencido para que no se fuera, no eres muy detallista en esa parte...por qué la dejaste ir?...me gustaría saberlo...si no te molesta claro...
De cualquier manera, como te dicen por ahí, la soledad como todo en la Vida no es para siempre, basta que uno se proponga a cambiar...Dios te mandará lo que necesitas para ser feliz y crecer...besitos...no estás solo...
Wicca Enviar mensaje al usuario 15/06/07
En principio Marta es cuatro años mayor que yo. En Tenerife le salio un trabajo en hotel era un trabajo para seis meses y le pagaban más de que ganaba aquí en cualquier bar que trabajase. Ya que el que tenía su padre lo tuvieron que cerrar porque no les daba lo suficiente para pagar el alquiler por problemas familiares, ya que ese bar era de su padre y un hermano, que ya en vida se llevaban mal y al morir el padre de Marta se aprovecho para hacer daño a su familia, en principio como no querían dejar el bar con su tío si se puede llamar tío, alcanzaron el acuerdo de subir el alquiler. Pero este maliciosamente le hizo firmar a Marta y a Pepe papeles que podía subir el alquiler cada principio de año. La verdad es que Marta estaba con una inmensa depresión y no se enteraba bien de lo que firmaron. A mí Marta no me dejó nunca involucrarme en sus problemas de familia y siempre me he mantenido al margen. Y Pepito en papeles siempre a sido torpe. Su tío consiguió lo que se proponía que los chicos dejasen el bar. Como te he dicho antes a Marta le salio un trabajo en Tenerife aquí en Pozuelo se sentía agobia por todo, ella era bastante conocida en el pueblo y claro la gente la abordaba preguntándola ¿cómo estaba?, ¿qué pasaba con el bar?, que si la decían de su tío, que es tal y tal y cosas de esas.
Un día de septiembre de esos años, hablamos, me dijo lo del trabajo, que se encontraba muy mal y que se quería ir, que en principio que solo eran para seis meses pero al final fue para siempre.
Lo mejor de todo es que yo la anime a irse creyendo que cuando volviera iba a ser como siempre, los primeros seis meses nos llamábamos todos los días (cuanto dinero me habré gastado en cabinas). Regreso pasado los seis meses diciendo que en hotel estaban encantados con su trabajo y tenía en la mano un contrato indefinido. Esos días que estuvo fueron genial pero ya nada era igual y se marcho otra vez. Estuvimos en contacto cinco años más.
Por culpa de los dos, yo no me quito culpa. Siempre he sido cobarde para tomar mis decisiones importantes de la vida, siempre he sido cobarde.
Las llamadas fueron cesando hasta que se extinguió nuestro río de amor. Y cuando me decidí ya era tarde, era tarde, ella encontró otro amor. Yo me deje llevar por la corriente y apartarme no hacer mas daño del que ya he hecho. Por lo menos a ella le que los buenos recuerdos de ese amor de juventud, dándole a uno de su retoños mi nombre, Manuel.
Yo tampoco la podré olvidar nunca.



Un saludo de Lolo el aprendiz de poeta.
Espero que te haya respondido algunas de tus preguntas.
Lolo Enviar mensaje al usuario 15/06/07
soledad o añoranza?
sabes?... me gusta leerte
saludos
tany Enviar mensaje al usuario 18/06/07
Mi compañera...

Soledades que llenan la vida.

Disfrutar o lamentarse de estar solo, pueden muy pocas personas,
los aislados de lo cotidiano de lo habitual, no es el caso de la mayoría.
La soledad tiene muchas apariencias, se disfraza de tristeza alegría pena dolor añoranza
de reproches frustraciones, que te invitan a seguirlas
hoy seguimos una, mañana otra y así, hasta que la última soledad nos visite... la muerte.

coraz0n Enviar mensaje al usuario 02/07/07

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