Es difícil contestar con propiedad a esta pregunta. Es poco probable, si equiparamos la pulsión libidinosa con otras necesidades básicas del organismo, como el comer o el dormir, lo que no está del todo claro. Incluso en una pareja donde, por ejemplo, uno de sus miembros ha sufrido un accidente invalidante, es probable que esa pulsión erótica intente igualmente vehicularse o "desahogarse" de una forma poco perceptible para los demás o incluso para la propia pareja. Sin duda lo tendrán más fácil aquellas personas que no dependan excesivamente de los impulsos o del empuje de la libido que late en su cuerpo, bien por determinadas circunstancias (accidente, enfermedad), bien por un proceso de "maduración" interior, es decir de sublimación de esa pulsión sexual en algún otro tipo de energía (amor, abnegación, un estilo de vida espiritual, etc.) o por ambas cosas a la vez.
Una relación de pareja es, antes que nada, una relación sentimental, a menos que esté explícita o tácitamente basada en el sexo. Cualquier ser humano, en su relación con otros de su especie, se define fundamentalmente por sus emociones, es decir por la forma en que las maneja, intenta comprenderlas y seguramente controlarlas, y por la forma en que las otras personas le ayudan o le hacen de espejo, directa o indirectamente, en esta labor. La relación sexual, desde este punto de vista, es tan sólo un medio u ocasión para vehicular de una forma bastante directa esta gestión de las emociones, una oportunidad para derribar las barreras de los convencionalismos morales/sociales/culturales y atisbar en el verdadero interior de la otra persona y, con ello, conocer algo más del propio yo profundo. Sin embargo existen en la vida otros medios para conseguir este objetivo, si es que se llega a comprender alguna vez que esto (conocerse a uno mismo) es una de las pocas cosas que cabe esperar alcanzar en esta existencia.
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Joan  |
13/02/07 |